FRANSELI ARIAS.

Bogotá- Colombia

Traducir los sentimientos del corazón no es fácil si se quiere hacer fielmente, tan solo aproximaciones, cuando es el sentir quien debe manifestarse, el lenguaje hablado es el menos pertinente.

Sin embargo como es necesario, trataré de hacerlo de la forma más diáfana. ASA, para mí, es una barca que llego alguna vez a una isla que yo habitaba y me invito a conocer el mundo otra vez. Yo, a causa de mi discapacidad, me había encerrado en un caparazón como protección. Ese caparazón eran mi familia, mi espacio más cercano, mi zona de confort…

Cuando llegó ASA, me mostró que el mundo era mucho más que mi pequeño fortín, que mi inclusión no dependía del mundo, ni de mi aceptación, sino de mi, de como me veía y me proyectaba. Cuando me reuní con personas como yo y sus cuidadores, entendí que el mundo seguía siendo igual que antes con sus idas y venidas, solo que ahora hacia las cosas de un modo diferente.

Gracias a ASA, he tenido compañía, apoyo moral, acompañamiento en mi discapacidad y sin duda ASA ha hecho que mi vida sea más fácil, más feliz. También me recordó algo que había olvidado… los límites no los determinan mis pies, sino la capacidad que tengo de soñar y hacer realidad mis sueños. Gracias Familia ASA.